Annette López Muñoz- Please use google translate to read in English
Especial/El Nuevo Herald
Indiscutiblemente existe un estigma relacionado a la práctica de
bailar con un poste entre las piernas ya que tiene una connotación
visiblemente fálica y sexual. Precisamente, esto es lo que le da
sensualidad y gracia a este provocador baile del pole dancing.
Sin embargo, desde hace unos años, muchas mujeres se han sumergido en
esta práctica como una forma de recreo. Señalan que es adictivo, que
admás les da seguridad en sí mismas y les sube la autoestima.
Susan Hilferty es la dueña de la primera academia de pole dancing en Miami que abrió en el 2006. Actualmente cuenta con dos localidades, una en Coral Gables y otra en South Beach. Hilferty es una bailarina de ballet que danzó con el New York City Ballet y se graduó de la Universidad de Miami con una beca de baile. Ya más entrada en años, un día viendo el programa de Oprah Winfrey se enamoró del concepto de pole dancing.
“Fue amor a primera vista, supe inmediatamente que eso era lo que quería hacer. Cogí el teléfono, llame a una amiga que vivía en California y le dije que la visitaría para tomar unas clases de pole dancing. Muchos de mis amigos pensaron que me había vuelto loca pero para mí no era otra cosas que coger la barra de ballet y ponerla perpendicular y bailar alrededor de ella”, relata.
Hilferty señala que una de las diferencias con el ballet clásico es que en este mantienes una posición donde todo va hacia dentro, el trasero, el pecho, el estómago mientras que en este erótico baile es todo lo contrario, todo va hacia fuera y lo expones con orgullo y sensualidad, con provocadores movimientos.
Sin embargo, en la academia de Pole Fitness Miami, pocas mujeres se refieren a este baile como erótico. Para ellas más bien es un ejercicio fuerte que las reta a hacer un montón de piruetas que nunca pensaron que podrían lograr. Con el tiempo les cambia el cuerpo añadiéndole flexibilidad y masa muscular, ya que hay que sostener el peso del cuerpo con los brazos. También recalcan que les sube la autoestima por ser femenino y atrevido.
“Es un ejercicio completo y, además, divertido”, asegura Chantal Dignan, de 30 años, quien lleva practicándolo desde hace año y medio. He adquirido mucho músculo en la parte superior de mi cuerpo y, en general, me ha fortalecido y me ha hecho más flexible. Claro, yo no le digo a mi madre que lo hago porque para algunos no tiene una buena connotación, pero a mi novio le gusta porque algunas veces bailo para él”.
Hilferty no niega el estigma que tiene este baile debido a su erotismo, pero señala que todos los bailes tienen, invariablemente, una insinuación sexual. “Yo he bailado mucho en mi vida y puedo decirlo con seguridad”, comenta. Sin embargo, y por precaución, la escuela no admite a menores de 18 años, aunque aseguran que cualquier mujer en forma lo puede practicar.
Muchas de las alumnas que atienden estas clases son profesionales. Estas aseguran que en la habitación en penumbras, iluminada solo por velas se dejan ir, entrelazándose de piernas en los postes y colgándose de ellos. De esta manera pueden dejar todos los problemas fuera del estudio.
Susan Hilferty es la dueña de la primera academia de pole dancing en Miami que abrió en el 2006. Actualmente cuenta con dos localidades, una en Coral Gables y otra en South Beach. Hilferty es una bailarina de ballet que danzó con el New York City Ballet y se graduó de la Universidad de Miami con una beca de baile. Ya más entrada en años, un día viendo el programa de Oprah Winfrey se enamoró del concepto de pole dancing.
“Fue amor a primera vista, supe inmediatamente que eso era lo que quería hacer. Cogí el teléfono, llame a una amiga que vivía en California y le dije que la visitaría para tomar unas clases de pole dancing. Muchos de mis amigos pensaron que me había vuelto loca pero para mí no era otra cosas que coger la barra de ballet y ponerla perpendicular y bailar alrededor de ella”, relata.
Hilferty señala que una de las diferencias con el ballet clásico es que en este mantienes una posición donde todo va hacia dentro, el trasero, el pecho, el estómago mientras que en este erótico baile es todo lo contrario, todo va hacia fuera y lo expones con orgullo y sensualidad, con provocadores movimientos.
Sin embargo, en la academia de Pole Fitness Miami, pocas mujeres se refieren a este baile como erótico. Para ellas más bien es un ejercicio fuerte que las reta a hacer un montón de piruetas que nunca pensaron que podrían lograr. Con el tiempo les cambia el cuerpo añadiéndole flexibilidad y masa muscular, ya que hay que sostener el peso del cuerpo con los brazos. También recalcan que les sube la autoestima por ser femenino y atrevido.
“Es un ejercicio completo y, además, divertido”, asegura Chantal Dignan, de 30 años, quien lleva practicándolo desde hace año y medio. He adquirido mucho músculo en la parte superior de mi cuerpo y, en general, me ha fortalecido y me ha hecho más flexible. Claro, yo no le digo a mi madre que lo hago porque para algunos no tiene una buena connotación, pero a mi novio le gusta porque algunas veces bailo para él”.
Hilferty no niega el estigma que tiene este baile debido a su erotismo, pero señala que todos los bailes tienen, invariablemente, una insinuación sexual. “Yo he bailado mucho en mi vida y puedo decirlo con seguridad”, comenta. Sin embargo, y por precaución, la escuela no admite a menores de 18 años, aunque aseguran que cualquier mujer en forma lo puede practicar.
Muchas de las alumnas que atienden estas clases son profesionales. Estas aseguran que en la habitación en penumbras, iluminada solo por velas se dejan ir, entrelazándose de piernas en los postes y colgándose de ellos. De esta manera pueden dejar todos los problemas fuera del estudio.
Para otras muchas se trata de una clase de gimnasia acrobática practicada con inmensos zapatos de plataformas que sirven como pesas en las piernas. Con movimientos que emanan sensualidad pero son al mismo tiempo un gran entrenamiento físico, la hora pasa en un abrir y cerrar de ojos.
“El tener la cabeza para abajo y los pies para arriba enroscada a un poste es algo que nunca pensé hacer”, dice Michelle González, quien ha asistido a este centro los dos últimos años.
Desde luego, al poste le ponen cera de abeja para que las estudiantes no se resbalen, pero de todas formas es un ejercicio que requiere concentración y mucha práctica, según explican las alumnas del centro.
“He tonificado mucho mi cuerpo”, explica Carinne Tator. “Por ejemplo, ahora es más flexible. He desarrollado músculos que no tenía. Además, todo es muy sexy. Hasta el calentamiento son movimientos femeninos que te hacen sentir sensual.
Carinne Tator es una de las profesoras de esta academia. Ex bailarina de ballet y oriunda de Francia se enamoró del pole dancing en Estados Unidos y ahora admite estar enviciada por este deporte que está causando furor en todo el mundo y que ha provocado campeonatos internacionales seguidos por muchas fans.
“Cuando veo los videos y las fotos mías en el poste no me puedo creer lo que he logrado conseguir. Además, te permite expresarte de manera más femenina. Estoy entrenando a algunas chicas que quieren competir”.
Normalmente las clases se componen de entre siete y 10 personas. Cada alumna tiene su poste. La primera media hora es de ejercicios de calentamiento con diferentes poses y movimientos de cabeza.
“A mi novio le encanta”, dice Natasha Alarcón de 40 años. Natasha tiene puestos unos zapatos de plataforma de siete pulgadas que son los que se utilizan para hacer estas piruetas. “Mi novio me regaló los zapatos para el día de San Valentín y me dijo que si quiero, pone un poste en la casa”.
El estudio está disponible para divertidas fiestas de soltera, fiestas de cumpleaños, fiestas de divorciada, de oficina, fiestas sorpresa o para celebrar con las amigas una salida de ‘solo chicas’.
A la salida del estudio hay un auto esperando. Un hombre joven y tres niños de nueve, seis y dosaños revolotean en el asiento de detrás. Gastón Menéndez, de 30 años, está esperando que su esposa salga de tomar una clase de pole dancing. Con una sonrisa picarona me dice que le encanta que su mujer tome estos cursos y que en la intimidad ambos se han beneficiado porque a ella le ha dado mucha seguridad.
En ese momento sale Vanessa, su esposa, una mujer joven y delgada con bonitas facciones. Explica que aprendió pole dancing en Miami y acaba de abrir un estudio en el Ecuador donde ahora reside la pareja y le va “super bien”. Nada más comenzar ya tenía 100 estudiantes. A ellos la experiencia del pole dancing les cambió la vida.•